Tengo un amigo argentino con un sentido común admirable. Él dice que los pueblos deben asumir sus errores, que no siempre que un pueblo vota lo hace con sensatez y que, de hecho, los pueblos se equivocan muchas veces. En su caso, los argentinos se equivocaron votando por dos veces a los Kirchner, primero a él y luego a ella, “y nos robaron hasta las piedras”, añade. En el nuestro, que se votara la primera vez a Rodríguez después de los atentados del 11-M podía tener una explicación, pero la segunda fue claramente uno de esos errores históricos que ahora estamos pagando con creces. “¿Ustedes votaron a este tipo?”, me preguntaba mi amigo sin esperar respuesta… “Pues ahora, apechuguen con él”. Y no le falta razón.

¿Ustedes votaron a este tipo? Pues ahora, apechuguen con él

 Tengo un amigo argentino con un sentido común admirable. Él dice que los pueblos deben asumir sus errores, que no siempre que un pueblo vota lo hace con sensatez y que, de hecho, los pueblos se equivocan muchas veces. En su caso, los argentinos se equivocaron votando por dos veces a los Kirchner, primero a él y luego a ella, “y nos robaron hasta las piedras”, añade. En el nuestro, que se votara la primera vez a Rodríguez después de los atentados del 11-M podía tener una explicación, pero la segunda fue claramente uno de esos errores históricos que ahora estamos pagando con creces. “¿Ustedes votaron a este tipo?”, me preguntaba mi amigo sin esperar respuesta… “Pues ahora, apechuguen con él”. Y no le falta razón.

 

Probablemente lo que necesita este país es que Rodríguez agote la legislatura, para ver si de ese modo los que todavía no han abierto los ojos se acaban cayendo del guindo y esta izquierda rancia, totalitaria y estalinista se hunde definitivamente y de ese modo se renueva y surge en nuestro país una izquierda moderna y europea al estilo del laborismo inglés o la socialdemocracia alemana. Es verdad que nos toca pagar a justos por pecadores, pero a veces eso es necesario para que se produzca una catarsis como la que España necesita.
 

Este país se hunde, y lo hace sin que haya posibilidad real de salvación. El Gobierno se va a agarrar al clavo ardiendo de un dato de paro registrado ligeramente favorable durante estos tres próximos meses y un crecimiento de una o dos décimas del PIB en los dos primeros trimestres del año… Pero no es más que un espejismo y ningún analista serio se atreve a afirmar que hayamos entrado en una senda de recuperación. Más bien al contrario, el pesimismo campa a sus anchas arrastrado por una crisis de deuda de consecuencias catastróficas, que puede poner a España al borde de su salida del euro.

 

Rodríguez no lo entiende. Llevado por su infatigable autoestima no es capaz de comprender qué le está pasando, pero lo que le está pasando era inevitable: nadie le cree. Nadie se cree que España esté saliendo de la crisis sino que, como mucho, parece haber tocado fondo y ahora se arrastra por él lastrada por un déficit cada vez más acuciante y una tasa de endeudamiento imposible. España corre un riesgo serio de lo que los economistas llaman default, o impago, y eso es lo que están descontando los mercados.

 

Evitar ver lo inevitable.

 

Llevo varios días insistiendo donde se me quiere escuchar que, aunque es verdad que España y Grecia son países distintos, también lo es que negar las semejanzas es ponerse una venda en los ojos para evitar ver lo inevitable: Grecia sólo está peor que España en su tasa de endeudamiento, pero si comparamos su tasa de paro resulta que es más baja que la nuestra, su déficit es solo tres puntos mayor y el nuestro avanza imparable, su evolución del PIB es mejor que la de la economía española… El problema de Grecia es un problema de ratio deuda/PIB y de credibilidad, más o menos el mismo problema que tenemos en España teniendo en cuenta, además, que el crecimiento de nuestra deuda ha sido muy superior aunque el ratio deuda/PIB sea la mitad del griego. Ellos han entrado en quiebra, y a nosotros nos falta bien poco para hacerlo. Ellos han mentido, y nuestro Gobierno también. Rodríguez ha conseguido llevar a este país de lo que en su día fue la champions league de la economía mundial, a la cuarta división. Nos ha empobrecido como nunca hubiéramos imaginado, y todo esto no ha hecho más que empezar.
 

Hasta que todo esto estalló, más o menos al mismo tiempo que España estrenaba Presidencia de turno de la UE -maldita la hora en que nos tocó-, Rodríguez era nuestro mentiroso particular. Pero desde el pasado 1 de enero ya es el mentiroso oficial de la UE. Se han hartado de él, de sus digos y sus diegos, y la realidad es que a estas alturas, cuando los demás países con problemas, bien por iniciativa propia -Irlanda y Portugal-, bien por imposición externa -Grecia-, han empezado a hacer los deberes, el nuestro sigue pululando por el limbo de la revancha antifranquista, la crisis institucional y cualquier otra cosa que se le ocurra a este tipo para intentar desviar la atención y que no nos demos cuenta de que no va a hacer nada de lo que tiene que hacer, entre otras cosas porque el cuerpo ideológico de rojo peligroso del que tanto alardea no se lo pide.

 

¿Cómo podemos pretender que este hombre adopte medidas de recorte del gasto social como las que ha adoptado Grecia? Ni harto de vino. Y la perspectiva, señoras y señores míos, es que de aquí a unos meses nos vamos a ver abocados a la peor crisis económica que hayamos podido imaginar, producto, esta vez sí, de la incapacidad y la ineptitud de este Gobierno y de este presidente. Pero nos está bien empleado.
 

PD: Para los que no habiendo votado a Rodríguez quieran dejar constancia de que de ellos no es la culpa, recomiendo la visita a www.yonovoteazp.es y la adquisición de la pulsera exculpatoria. Al menos, que por nosotros no quede.

Por Federico Quevedo.